Una carta para sanar el dolor de la pérdida.

Un comentario

Love letter

A veces, cuando siento angustia y vuelvo a pensar en lo difícil que fue la experiencia de perder a mi hija, retomo aquellos libros que en su momento me ayudaron a ver las cosas con una mejor perspectiva. Uno de esos libros es el de “Los niños y la muerte” de Elizabeth Kübler Ross, el cual recomiendo leer. En este libro, se describen varios casos de niños que sabían que iban a morir y alcanzaron a decir adiós a sus seres queridos en diferentes maneras. Es increíble ver cómo los niños dejan señales para que sus padres entiendan que ellos tenían que irse.

Volviendo a leer estas líneas, recuerdo aquel día, unos 3 días antes de la muerte de Emma, cuando ella se me presentó en espíritu al lado de la cama en la noche en una experiencia extra corporal. Al despertar en la mañana, pensé que ella tenía poderes psíquicos y hasta comenté que algunas personas se despiden de esa manera. No imaginé en ese momentos que eso era una despedida, pero después entendí que ella quería decirme que su vida pronto llegaba a su fin y su alma escogió ese momento y ese lugar para morir. ¿Por qué escogió ese lugar? ¿Por qué decidió compartir su lecho de muerte al lado de niños indígenas que vivían en la selva, cuyos padres llegaban al hospital sin nada de posesiones, sin un lugar a dónde pasar la noche, sin nada que comer? No lo sé, pero sí se que si ella escogió ese lugar es porque quería dejarme un mensaje, una enseñanza o un llamado y algún día lo entenderé mejor.

Entre esas lecturas, encontré una carta que un líder espiritual le escribió a una pareja que tenían una pequeña que fue asesinada. Esta carta me abrió los ojos y me explicó lo que yo sentía, por eso quiero compartirla con otras personas que están en mi misma situación.

Querido Steve y Anita,

Rachel ha concluido su trabajo en la tierra, y dejó el escenario de la vida de una manera tal que nos deja detrás suyo con un grito de agonía en nuestros corazones mientras el frágil hilo de nuestra fe se sacude de manera violenta. En su caso, había poca gente que tuviese fuerzas para aprender de semejantes enseñanzas, e incluso esas personas sólo tendrían algunos instantes de ecuanimidad y paz en medio de los ensordecedores embates de su rabia, dolor, horror y desolación.

No tengo palabras para mitigar su pena. Aunque tampoco debo hacerlo, porque ese dolor es el legado de su hija. No es que ella o yo queramos infligirles esa pena, pero está ahí y se debe consumir para purificar el camino hasta el final. Es posible que de esa penosa experiencia salgáis más muertos que vivos. Entonces comprenderéis por qué los mayores santos, para quienes todos los seres humanos somos hijos suyos, comparten dolores insoportables y son conocidos como muertos vivientes. Cuando una persona soporta lo insoportable, algo muere dentro de ella, pero sólo así se prepara para ver como Dios ve y amar como Dios ama.
Ahora es el momento de dejar que su dolor se exprese. Sin falsas fortalezas.
Ahora es el momento de sentarse en silencio y hablar con Rachel, y darle las gracias por haber estado con ustedes estos pocos años y animarla a continuar con su misión cualquiera que esta sea, sabiendo que esa experiencia les aportará compasión y sabiduría.
En mi corazón sé que ustedes y ella se reunirán de nuevo una y otra vez, y
reconocerán las muchas maneras en que se llegaron a conocer los unos a los otros. Nuestra mente racional nunca podrá comprender lo que ha sucedido, pero si mantenemos nuestros corazones abiertos hacia Dios, encontraréis intuitivamente el camino.

Rachel llegó a través de ustedes para cumplir su misión en la tierra, que incluyó su forma de morir. Ahora su alma es libre, y el amor que comparten con ella en su nuevo plano es invulnerable a los vientos de cambio, tanto en el tiempo como en el espacio. Y en ese profundo amor, incluyánme también.

En el amor,

Ram Dass

Solo después de leer esta carta, entendí algo que hace mucho tiempo sentía y no sabía cómo describirlo y es el hecho de estar más muerta que viva. En realidad cuando mi hija murió, sentía que estaba más del otro lado que de éste. Y fue solamente ahí cuando descubrí el mundo espiritual al que nunca había entrado antes. Alguien me dijo que la explicación física es que cuando hay un fuerte trauma, se rompe una membrana que conecta dos neuronas en el cerebro y así es más fácil ver lo que está más allá de nuestros ojos.

En ese tiempo, sentí una presencia de Dios en mi vida inmensa, veía cosas y sentía cosas inexplicables. En mis sueños, podía abrazar a mi hija y encontrarme con otros espíritus. Cuando digo que podía abrazarla, no era en sueño, sino en realidad, podía sentir un apretón en mi cuerpo. Sentí la necesidad de meditar y orar y ahí aprendí que mi vida está guiada por alguien más fuerte y más sabio que yo, y que había pasado los años anteriores ignorando a mi guía. Iba en contra de la corriente.

Ese sentimiento ha ido cambiando y empiezo a volver a estar más viva que muerta otra vez, aunque trabajo para no perder esa sensación porque en realidad, la verdadera felicidad, la verdadera paz se encuentra cuando estás más del otro lado. Encontrar que hay algo más allá, que hay alguien que nos protege, que por medio de la voz de tu intuición o la voz de Dios, puedes tomar decisiones, es una alegría inexplicable. Cuando haces caso a esta pequeña voz, todo fluye, todo funciona perfecto, todas las bendiciones llegan a ti. Y es a eso lo que se refiere estar más muerto que vivo.

Cuando entendí que todo pasa por algo, que cada persona que aparece en mi vida, tiene una misión y una enseñanza, cuando dejé de preocuparme por mi orgullo y por lo material y concentrarme en mi desarrollo espiritual, empezaron a llegar más cosas a mi vida, incluyendo cosas materiales, más riqueza y mucha más felicidad. Si aprendemos a confiar en que todo lo que es para nosotros llega en algún momento y que lo único importante es dedicarse a ser feliz, la vida se simplificaría enormemente. Hoy todavía lucho con mi ego, con mis miedos y mis pensamientos, pero como un amigo cercano nos dijo un día. “Si hay miedo, es porque no estás con Dios” Así, seguiré en mi proceso de cambio para dejar atrás todo lo negativo y dedicarme simplemente a ser feliz. Mi dolor es el legado de mi hija. Ella quería que por medio de ese dolor, descubriera algo que de otra forma, siempre iba a ignorar. Hoy otra vez le agradezco a Emma por los años que compartió con nosotros y por las enseñanzas que nos dejó.

Singular: 1 comentario en “Una carta para sanar el dolor de la pérdida.”

  1. Has caminado en la dirección correcta ,hay gente que ante la misma circunstancia toma la dirección contraria anclarse en la ignorancia y con ello en su sufrimiento ,el sufrimiento de ver la realidad del ego y no de nuestra alma .
    Cuando un adiós es solo un hasta luego.

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