Padres en duelo, todavía se puede ser feliz.

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Ya ha pasado un año y medio desde que Emma se fue de nuestras vidas físicamente, porque ella permanece entre nosotros de alguna forma. Su presencia se siente en cada momento, su olor llega a mi como el de las flores en primavera y sé que ella de alguna forma también nos siente a nosotros.

Muchas veces cuando alguien extraño en un parque pregunta si tengo 3 hijos, mi hijo mayor responde: “No, somos cuatro. Una está en el cielo” No me apetece contarle a todo el mundo nuestra historia, pero le agradezco a mi hijo por ser tan valiente y recordarme que ella todavía es parte de nuestra familia. Como siempre, sigo aprendiendo de la sabiduría de los niños.

El tiempo pasa, a pesar de que cuando murió Emma, yo sentí que todo se había detenido y me sorprendía ver que el mundo seguía corriendo, que la ciudad se despertaba a la misma hora y la gente iba a trabajar como cada día. El reloj no se paró nunca, los niños continuaron creciendo y más arrugas poblaron mi rostro. El tiempo no se detuvo, aunque yo quería que se detuviera.

En ese tiempo le preguntaba a una amiga que había vivido una situación similar, si volvería a ser feliz un día. A lo cual, ella respondió que sí, que volvería a sonreír y hasta a reír a carcajadas. Hoy, después de año y medio, quisiera salir corriendo a abrazar a los padres que están viviendo la pérdida de un hijo y decirles que todo estará bien, que todavía hay luz en el camino y que podremos ser felices. Que no hagan caso a las personas que dicen que esto es lo peor que le puede pasar a alguien, que nunca superarán esa pérdida o aquellos que esperan que vivas en un lamento por el resto de tu vida. Ellos no saben cómo es esta situación si no lo han vivido, y si lo han vivido, no saben cómo es tu duelo porque todos somos diferentes y cada uno reacciona a su manera.

Lo único que sé es que el ser feliz después de una pérdida tan grande es una elección. Puedes hacer tu mundo un torbellino y llorar por el resto de tu vida, encerrarte en una cueva y caer en un hueco profundo y negro; o puedes dar gracias al cielo por la vida de aquella persona, por los años que compartiste con ella y seguir adelante disfrutando de el tiempo que nos queda en esta vida.

Desde que mi hija murió, yo he atravesado por un camino lleno de dolor, pero también lleno de cosas lindas. He iniciado una vida espiritual y no me refiero a ir a misa cada domingo, sino en realidad un camino de búsqueda interior, de contacto con mi ser supremo, de meditación, de intuición y de milagros. He encontrado el camino hacia mi paz interior, digo el camino porque esto no es algo que encuentras y te quedas con él. La paz interior es un trabajo de 24 horas, en el que tienes que dejar a tu mente ser feliz, ver lo mejor de las personas, agradecer las situaciones que se presentan en la vida y aceptar que no tienes control sobre todo en tu vida ni en las vidas de otros. Es escoger el camino del amor por encima de todo, dejando atrás nuestro orgullo, nuestras ganas de mostrar lo mejor de nosotros y de ser exitosos frente a los ojos de otros porque en realidad todos tenemos todo lo necesario para ser exitosos y felices.

He pasado por muchas situaciones, pero creo que el perdón que desde muy temprano le di a mi marido, al guardia que le abrió la puerta a la piscina a Emma, a la mujer que nos mintió para defender la administración de su edificio, a la vecina que la vio salir y no dijo nada y a mi misma, fue el que me salvó. Emma me avisó que iba a morir y dejó todas las señales para que yo entendiera así que no hay culpables ni necesidad de buscarlos. Así como Jesús le dijo a sus discípulos  “Os lo digo ahora antes de que suceda, para que cuando suceda entiendan que yo soy el que soy” Juan 13:7-19

El duelo trae cosas buenas, como la tranquilidad, la vida sin altas o bajas emociones, la introspección, el saber de la existencia de un mundo espiritual. Diría que el duelo me ha dado una vida más estable, con menos preocupaciones porque nada es más importante que la vida de aquellos que amamos. He aprendido a aceptar lo que pasa en mi vida y verle el lado positivo a cada cosa.

Ahora puedo ver a las personas con otros ojos y entender que todos tienen grandes virtudes; miro al infinito y aprecio la naturaleza que me rodea. Cuando miro hacia un árbol me sorprende encontrar que está completamente relleno de pájaros y sus nidos. El mundo en el que vivo es un lugar hermoso lleno de cosas buenas. Es como si hubiera recuperado mi verdadera visión y mis ojos pudieran ver más allá.

No digo que el duelo sea algo bueno. El dolor de la pérdida de alguien es grande y va con uno hasta el final de nuestros días, pero si tenemos que pasar por eso, la mejor opción es tomarlo con positivismo y esperanza, así podemos encontrar lo bueno de esta situación.

En este tiempo de duelo, he recibido la bendición de ser madre otra vez y esta vez el amor que siento es mucho más intenso que el que he sentido a la hora del nacimiento de mis otros 3 hijos, es como todo brillara con una hermosa luz. Mis cambios hormonales no me dan “baby blues” o la tristeza que da después de dar a luz, sino que siento una felicidad imparable e inexplicable.

Hoy soy otra vez madre de 3 hijos en la tierra y me he dado cuenta que sí es posible volver a ser feliz, volver a sonreír, volver a bailar y a cantar. Amo con un amor desenfrenado, vivo sin pensar en el mañana y siento que en cada paso que doy,  hay alguien que me guía e ilumina mi camino. Esa energía que siento sea Dios o sea Emma es la razón de mi felicidad y de mis ganas de vivir.

Padres en duelo, la decisión está en sus manos. Podemos ser felices y se lo debemos a nuestros hijos, quienes no quisieran vernos tristes.

Plural: 7 comentarios en “Padres en duelo, todavía se puede ser feliz.”

  1. que lindo lili…
    como siempre tus palabras llegan a el corazon….me alegro q maria haya traido otra alegria mas a tu vida….
    un fuerte abrazo….

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  2. Lo cierto es que la realidad es espiritual y parte de nuestro sufrimiento es por la ignorancia.
    Seguramente tu hija está ahí ayudándote en tu camino y el adios no es más que un hasta luego.
    A mi me pasa con mis abuelos ,son como un viento ,no hay tristeza dónde están .

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