Los dos caminos

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god

Este post es continuación del post “¿Regresando al camino?”…

Muy temprano, después de la ida de Emma, Liliana y yo decidimos que había dos caminos para escoger después de de este incidente.

El primero era el camino legal donde se tiene que establecer culpa. ¿Quién tenía la culpa de la muerte de Emma? ¿Cómo entró Emma a la piscina si toda la piscina estaba rodeada de una cerca de seguridad? Ella no era capaz de abrir las puertas ya que tenían chapas de seguridad. Pues resulta ser que Emma no abrió la puerta, sino que se quedó parada afuera de la puerta. Por coincidencia uno de los guardias pasó en el mismo momento, la vio y le abrió la puerta antes de seguir en su camino. Un guardia del conjunto le abrió la puerta de seguridad de la piscina a una niña de 3 años y ella entró, se lanzó al agua y se ahogó. No soy abogado, pero pienso que sería fácil establecer culpa en este caso. Podríamos demandar al conjunto, a la empresa de seguridad y al guardia por negligencia y seguramente tendríamos todas las posibilidades de ganar la demanda y así recibir una recompensa monetaria por la pérdida de Emma y una condena apropiada para el guardia.

El otro camino era el del perdón. En este camino lo único que teníamos que hacer era perdonar a todos y este es el camino que Liliana y yo decidimos seguir. Cuando Emma salió de la puerta de la casa este domingo fatal muchas cosas pasaron. Liliana estaba arriba con Hannah y yo estaba solo con Simón y Emma inflando los juguetes de piscina y no me di cuenta de que Emma por un rato no estaba con nosotros. Simón la vio salir y la vio ir a la piscina. Emma nunca salía sola y Simón siempre era muy rápido de avisar si pasaba algo raro, pero este día él no hizo nada. La vecina que estaba en su balcón la vio caminando sola hacía la piscina con su cocodrilo desinflado bajo el brazo y cantando piscina, piscina, piscina. Ella pensó que era raro que fuera a la piscina sola pero no hizo nada. El guardia la vio fuera de la piscina sola y le abrió la puerta para que entrara sola. Si nosotros quisiéramos elegir el camino de la culpa teníamos que culpar al guardia, a la vecina, a nosotros mismos y hasta a Simón y lo peor era, que establecer culpa no iba a devolvernos a nuestra niña. Era obvio para Liliana y para mí que ese no era el camino correcto. Teníamos que perdonarnos a nosotros mismos y a los demás. Sentíamos que el perdón era clave para nuestra sanación y que la culpa nos iba a llevar a algo malo.

El guardia

Después de la ida de Emma nuestros amigos consiguieron cupos para Liliana y para mi en unos retiros espirituales del grupo Emaús. En estos retiros de verdad se revela la voluntad de Dios con nosotros. En mi segundo retiro yo participé como servidor de mesa. Eso significa que, junto con un otro servidor, estaba a cargo de seis nuevos participantes, llamados caminantes. En mi mesa había un señor que físicamente se parecía un poco a mi papá. Tenía 50 años y yo sentía simpatía con él. El sábado en la noche conté mi testimonio frente a todos. Yo subí a la escena y delante de 160 hombres conté la historia de mi vida terminando con la muerte de Emma en la piscina en Villavicencio, el camino del perdón y la decisión de perdonar a todos desde el guardia hasta a nosotros mismos. El día siguiente, el domingo, después del desayuno, este señor se levanta de su silla, se para frente a todos y pide la palabra. Se disculpa humildemente y dice que él quiere pedir perdón a todos y especialmente a los señores de su mesa. Él sigue y dice que quiere pedir perdón por todas sus mentiras. Me sorprendí y sentí que todo en la sala se puso totalmente silencioso y quieto. El señor sigue y dice que él había dicho que era casado, que tenía dos hijos y que era profesor de colegio etc. y que todo eso es mentira. Yo ahora veo que todos los hombres de la sala están mirándolo con ojos de asombro, y el continúa y dice que en realidad no tiene dos hijos sino 18 mil hijos y que está casado, pero con la iglesia. Él ahora cuenta que es sacerdote y que la coordinación del retiro le obligó esconder el hecho de que es sacerdote y que por eso había dicho las mentiras. El padre siguió y dijo que él había pedido permiso a la coordinación del retiro y al obispo para poder contar lo que ahora iba a contar. El padre empezó a contar, delante de todos nosotros caminantes y servidores del retiro Emaús que él en realidad era el padre en una parroquia en Villavicencio y que un día, justo antes de semana santa junto con varios otros sacerdotes él había participado en un evento de confesiones en el centro comercial Unicentro en Villavicencio. Había muchos confesionarios y él ocupó uno por una hora. Durante esta hora le llegó un señor que contaba que él había sido guardia en un conjunto de casas en Villavicencio y que hace poco él le había abierto la puerta de seguridad de la piscina para dejar entrar a una niña pequeña que había saltado al agua y se había ahogado. El guardia lloraba y pedía perdón por sus hechos.

La noche anterior el padre había visto mi testimonio y no podría creer lo que estaba escuchando. Era asombroso que el padre que recibió la confesión del guardia también escuchó mi testimonio. Yo sentí que Dios en su misericordia me estaba mostrando que el camino del perdón que Liliana y yo habíamos elegido era el correcto.

El perdón

Después de ese momento, buscamos al guardia, para darle nuestro perdón. Lo hemos buscado en muchas maneras. Hemos pedido ayuda para encontrarlo y a pesar de la ayuda de muchos, no lo hemos logrado. Los obstáculos son muchos y la gente que tiene miedo es numerosa. Parece que a las personas involucradas les cuesta mucho creer que nuestra intención verdadera es perdonarlo y decirle que puede seguir su vida sin miedo de nosotros porque él solamente fue un servidor de Dios con una tarea muy difícil. Nosotros además queríamos ver de frente a la persona que vio por última vez a Emma antes de que emprendiera su viaje.

Ahora sé que antes estaba perdido, pero he sido encontrado, estaba ciego, pero ahora puedo ver. Yo estaba en un camino equivocado pensando que Dios me iba a castigar y ahora entiendo que Dios tenía un plan con nosotros y que Emma, el guardia, la vecina y todos eran servidores en su plan. Con la voluntad de Dios y el servicio de Emma toda nuestra familia ahora ve, escucha y siente el amor de Dios. Emma sacrificó su vida para salvar a su familia.

Ahora sé que sin perdón no hay sanación. Sin perdón no hay felicidad. Sin perdón no hay cercanía con el prójimo. Perdonar es recordar sin dolor. Perdonar es clave para poder recibir el amor de Dios. Perdonar es importante, no solo porque el otro merezca ser perdonado, sino porque nosotros mismos también nos merecemos vivir en paz. Este es mi mensaje.

Plural: 6 comentarios en “Los dos caminos”

    1. Hola Diana
      Nosotros escogimos el camino del perdón porque no teníamos las fuerzas para el otro camino y ahora, 10 meses después de la ida de Emma, sabemos que estamos tán bien como estamos porque escogimos este camino. El perdón te ayuda a sanar y la culpa te mantiene en el dolor.
      Gracias por todo Diana 🙂

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  1. Hola Tummas, que mensaje tan bonito y valioso. De verdad, tú y Lili son unas personas ejemplares, con un corazón demasiado grande y generoso el cuál Dios sabrá recompensar con muchas bendiciones. Ahora Emma siendo un angelito guiará todos los caminos de ustedes y no los desamparará nunca!!!
    Un abrazo muy fuerte hermano…

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    1. Hola Mario
      Muchas gracias por tus palabras. Nosotros somos muy afortunados y muy bendecidos de tener amigos como tú y Diana. Espero que estén bien y que pronto nos veamos. Dios te bendiga Mario. Un abrazo fuerte.

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