Siguiendo el llamado. Abriendo puertas y cerrando otras.

4 comentarios

Aquellas llamadas que recibimos, son las que nos llevan a encontrar la misión de nuestra vida. La misión de nuestra vida es ser feliz y solamente una transformación espiritual puede llevarnos a estar en paz con nosotros mismos.

No importa cuántas cosas tengamos, fama, dinero, amistades, éxito laboral, de todas formas siempre sentirás que necesitas algo más. Ese algo más lo encontramos dentro de nosotros mismos. Esta es la joya más valiosa que alguien puede recibir, el encuentro consigo mismo. Una vez te has encontrado, ya no podrás volver hacia atrás.

Gregg Levoy dice en su libro Callings; “Empezamos a darnos cuenta de que nuestra naturaleza más profunda, el centro de nuestro propio ser o Dios, que habita en nosotros, es la fuente de nuestros llamados”. Cuando nos damos cuenta de estos llamados, miramos hacia atrás y le damos sentido a nuestra vida. Los llamados, siempre estuvieron presentes, pero siempre hicimos lo posible para ignorarlos.

Aquí continuamos con el testimonio del post pasado “El llamado”

Mi segunda llamada, la relación y la carrera

Después del colegio me fui a estudiar tres años en el preparatorio para la universidad, lo cual corresponde más o menos al High School de los americanos. Esto era en otra isla. Cada mañana tomaba el ferry para llegar. En mi segundo año conocí a una chica y nos volvimos novios. Yo tenía 19 años y ella 17. Nosotros teníamos algo en común. Su papá era alcohólico de los que no puede dejar de tomar ni un día de la semana, nos entendíamos muy bien.

Nos divertíamos juntos. Nos queríamos mucho y cuando los dos habíamos terminado el preparatorio para la universidad nos mudamos a Copenhague en Dinamarca para estudiar. Allá teníamos un apartamento muy pequeño pero éramos felices.Estábamos dos mil kilómetros lejos de nuestros padres y separados de los problemas de ellos por el inmenso Océano Atlántico. Yo estudiaba ingeniería mecánica y ella enfermería.

Después de terminar nuestros grados en Dinamarca trabajábamos un poco allá hasta que decidimos ir a Inglaterra para que yo pudiera estudiar la maestría en mecánica computacional que siempre había querido. Yo empecé a estudiar en la Universidad de Cranfield en 2003. La universidad era increíble. El campus era un antiguo aeropuerto usado por el Royal Airforce durante la segunda guerra mundial. Todo era hermoso y además contaba con una biblioteca grande y moderna. Yo estaba en éxtasis. Por fin estaba estudiando las teorías que me interesaban y además en un sitio tan bello y lleno de historia. Los estudios no eran fáciles. Había mucho trabajo y las teorías eran complejas. Pero me encantaba y cada día luchaba por alcanzar todo. Yo quería ser el mejor estudiante de la universidad, como ya lo había logrado en Dinamarca.

Mi acuerdo con Dios

Pero al final de los estudios me encontraba ansioso y desesperado. No sabía cómo lograr todo lo que tenía que hacer. Los exámenes estaban cerca, me faltaba mucho con mi tesis, los cálculos no me cuadraban, el computador me estaba fallando etc. Yo estudiaba día y noche con solo 3 o 4 horas de sueño al día. Estaba agotado y un día en particular era difícil. Todo me parecía imposible. Este día hice lo mismo que siempre cuando me encuentro en una situación miedosa; me arrodillé y me puse a rezar. Le pedí ayuda a Dios y le dije, “Querido Dios, padre mío, ayúdame a terminar esto y te prometo, que usaré mi educación y mi experiencia en tu servicio. Yo ayudaré a los que no pueden ayudarse a ellos mismos, y lo haré por tu gloria”.

Dos meses después estaba parado frente de la ventana de la cocina en nuestro apartamento mirando el gran árbol de arce afuera. Las hojas se habían puesto rojas. Algunas se habían caído al suelo y se estaban pudriendo. Todo el campus estaba lleno de pasto verde y árboles rojos. Era hermoso. Yo estaba feliz. Me había graduado y nos íbamos pronto a casa. El apartamento estaba vacío. Las pocas cosas que teníamos estaban empacadas en nuestro pequeño carro. Ella me estaba esperando en el carro. Íbamos a hacer un “road trip” alrededor de gran Bretaña antes de tomar el barco hacia las Islas Feroe. Me estaba despidiendo del gran árbol de arce.  De repente, un pasaje del libro de Job me entró en mi cabeza: “El Señor dio y el Señor quitó; Bendito sea el nombre del Señor”, y de repente sentí un sentimiento fuerte de que iba a perder algo que era muy importante para mí.

Me quité el sentimiento, cerré la puerta del apartamento una última vez y salí hasta el carro. Mientras manejábamos lentamente por las calles curvadas del campus ella empezó a llorar. Yo le pregunté por qué estaba llorando y ella me contestó que no sabía por qué.

Habíamos recibido un llamado, no estaríamos juntos por mucho tiempo más. Yo tendría que viajar a países lejanos para encontrar mi verdadero camino.

 

Plural: 4 comentarios en “Siguiendo el llamado. Abriendo puertas y cerrando otras.”

  1. Hola Tummas, estaba ansioso esperando la continuación de tu historia y te cuento que es muy interesante. Pero ahora me dejas con la intriga… te va a tocar poner ya la nueva entrega porque sino me voy a comer las uñas por la ansiedad de saber más de ésta extraordinaria historia.
    Recibe un fuerte abrazo!!!

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  2. Thummas, te estoy conociendo un poco más a través de estos mensajes. Hace mucho que nos conocemos pero a veces que poco sabemos de nuestras vidas. Un fuerte abrazo cargado con todo mi cariño.

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